Autor: admin

La cometa

Recuerdo siendo un chiquillo, allá en mi barrio de la Isla, jugaba con otros niños a volar cometas. Como la economía no daba para mucho,- más bien para casi nada- , las construíamos nosotros mismos con varillas finas de madera, haciendo un marco que cubríamos con un papel lo más fino posible – eso dependía de la suerte de cada cual-, una larga cola de tela, y hilo, mucho hilo, que casi siempre “robábamos” en casa. No recuerdo exactamente la altura que lograba alcanzar con mi artilugio, pero yo imaginaba contemplar toda la ciudad subido en ella.

Hace unos días pude ver unas imágenes espectaculares de Málaga, desde el aire, – grabadas por la policía – , desde los montes hasta la costa, casi barrio por barrio. Una ciudad preciosa, luminosa, pero, demasiado tranquila, taciturna. Una ciudad confinada, como tantas otras.

Y me volví a imaginar aquellas mas bien destartaladas cometas – pero para mi las mejores que pudieran existir- , con la que recorrer mi ciudad., cruzando el cielo malagueño vertiginosamente , y a la propia Málaga, a mi lado, subiendo en ella.

– “ ¿ Ves mis calles, mis plazas, mis fuentes y plazuelas?. ¿ Ves mis parques y jardines mis avenidas y alamedas, los montes y el mar, que entre ambos me rodean? ”.

– Claro, son lo que ensalzan tu grandeza y tu belleza.

Y Málaga guarda silencio, sumida en sus pensamientos, tal y como se encuentra desde hace muchos días, observándose sola allá abajo. Me mira, con gesto triste, algo que resulta muy extraño en ella, hablándome con una casi forzada sonrisa.

– “Me dicen la bella, la defensora de la libertad, la muy hospitalaria, hasta la ciudad del Paraiso, y me siento muy agradecido y orgullosa por ello, pero, miro ahí abajo, y compruebo ahora mas que nunca que no soy nada sin mi gente que pasean por mis venas, que dan sentido a la vida de esta tierra.”

Y Málaga se baja despacio, seguramente para no estropear mi cometa, y se aleja con paso lento , y se pierde entre las primeras sombras de la tarde, quizás llamada por los aplausos que suenan en todos los balcones, que uno imagina también dirigidos a ella.

¡Viva Málaga y su gente!

JL Pinto

El retrato

Según nuestro rico, aunque últimamente maltratado, idioma, “retratarse” es un verbo pre nominal cuyo significado es: proyectar una persona mediante sus palabras algo que quería mantener oculto. No pretendo dar ninguna lección de gramática, ni de lengua, ni tan siquiera de giros coloquiales más o menos usados en el día a día. Simplemente quiero denunciar lo que está ocurriendo desde las pasadas elecciones hasta el día de hoy.

Una vez que todas (las personas) hemos pasado por las urnas para depositar nuestra opción política mediante el voto, y conocidos los resultados de las pasadas elecciones, hace justo hoy un mes, estamos asistiendo a lo que debería ser el uso y juego de la democracia, pero que se ha convertido en un esperpento, en un espectáculo, nuevamente, bochornoso, que posiblemente nos lleve a tener que pasar de nuevo por la caja transparente de la democracia. Y si eso llegase a suceder creo que todos habremos comprendido, hayamos votado a la opción que sea, que nuestro políticos han dejado claro que nosotros les importamos una higa, un pimiento, vamos una m….., y que una vez que depositamos el voto, todo se queda en nada.

Queda claro que lo único que les interesa por encima de todo, -y en ese de “todo” estamos incluidos los casi CUARENTA Y SIETE MILLONES de españoles- , es el PODER. Lo de gobernar que lo haga cada uno en su casa. Eso es lo que hay, y además, y es lo peor, lo dicen y lo muestran sin ningún tipo de disimulos.

Eso sí, si nos vuelven a llamar de nuevo a las urnas, a ver con qué cara nos vuelven a decir que es por España, esa palabra con la que se les llena la boca y según dicen, el corazón, pero que se evapora en el aire cuando la pronuncian, como se evapora el barniz del lienzo de ese retrato que se han hecho todos ellos. Patético y mediocre retrato.

JL Pinto

Al maestro Manuel Alcántara

Apenas contaba con 20 años, allá por los años setenta del pasado siglo, cuando me aficioné, también, a la lectura del periódico, mejor dicho a tu columna en el diario SUR. Descubrí que era la forma más sencilla y divertida de tener una resumen de la actualidad, local, nacional e internacional, todo ello en trescientas palabras. Y así hasta hace unos días.

Te he leído durante toda mi vida, te he admirado durante toda mi vida, hasta creo que a la hora de escribir mis intermitentes artículos, parece que imito – que más quisiera yo – tu estilo. Aunque te aseguro que no es imitación, es el resultado de haberte leído durante cuarenta y dos años, y algunos días más. Llevo impregnado tu estilo como si fuese mi propio ADN literario.

Hace dos años tuve la suerte de poder conocerte personalmente. Un grupo de amigos te entregamos el premio Malagueño del Año – Asociación gastronómica periodista Paco Rengel- al que asististe con la mayor disposición y cordialidad. Y tuve la suerte de que charlásemos unos minutos con cierta tranquilidad. Me dio tiempo a expresarte mi admiración, a comentarte mis recuerdos de este o aquel artículo, quería contarte muchas cosas. Me escuchabas con atención, me mirabas y sonreías. ¡Ah! Me palmeaste repetidamente el hombro y me dijiste que no te hablase de usted, que el “usted” entre “colegas” no cabía. Por eso hoy me permito tutearte. No sé cuánto tiempo aguantaré haciéndolo.

Aquel día nosotros te dimos un regalo, consistente en una biznaga de plata –símbolo de nuestra tierra y representación escogida para nuestra distinción anual – pero tú sin saberlo me diste el más grande que podría recibir: me llamaste “colega”, y eso nunca lo olvidaré.

Ahora me he quedado, nos hemos quedado, sin el maestro. Ya nadie contará las cosas como lo hacías tú. Ya nadie mirará el mediterráneo con la admiración, el amor y la complicidad con que lo hacías tú. No existe otro Manuel Alcántara. He aguantado más de lo que pensaba con este impostado tuteo.

Hasta siempre señor, querido maestro. Descanse usted en paz.

Jl Pinto.

Yo no quiero ser manada

A ver chicos – lo de chicos es por el sexo, nada que ver con la edad de cada uno- y esto va dirigido a todos los de edad de saber leer en adelante. Ahí va un toque de atención, muy serio en este caso. No se me dispersen por favor.

¿Se han enterado ustedes de la sentencia que se dictó ayer sobre el caso de la famosa “manada”? Sí, ¿no? Nueve años –aunque la sentencia está recurrida por parte y parte-, que por cierto no han contentado a nadie. Al margen de la sentencia en sí, y de que considero que hay que revisar muchas leyes de este país nuestro, especialmente las relativas a las que tienen que ver con todo tipo de violencia de género y por supuesto de sexo, quiero centrarme en la postura de nosotros, los hombres, en este asunto.

Hay opiniones para todos los gustos, que si los jueces y abogados no se ponen de acuerdo, nosotros, los de a pie, no íbamos a ser menos, pero por encima de todo están los valores, la educación y la decencia misma.

A ver si nos enteramos de una vez, y esta para siempre, que la mujer no es el juguete masculino de la creación. A ver si nos enteramos de una vez que esa chica o esa señora, tan guapa, tan vestida como a ella le sale de sus narices –que para muchos es pura provocación – no está ahí para nuestro uso y disfrute. Y eso se les hace a muchos, muy, pero que muy largo.
Insisto en no entrar a valorar, por ahora porque hay recursos interpuestos, si la sentencia es o no justa, excesiva o corta, pero si cuanto menos que discutir la lectura que sobre la misma han hecho los que imparten justicia, los que interpretan las leyes.
Que los magistrados dicen reconocer, textualmente, “que no hubo consentimiento por parte de la víctima”.
¡Ya está! ¡Ahí se debería acabar la argumentación! Así debería ser, porque lo que continua, a partir de ahora es una aberración, una vergüenza. Literalmente de nuevo: “los acusados no utilizaron la violencia suficiente que requiere el delito”. Me resulta penoso, increíble, fuera de todo sentido común. Pero parece ser que así está escrita la ley.

Pues si está escrita se cambia, y si no se puede cambiar se rompen las reglas del juego. Pero lo que no puede ser es que se alegue que durante el abuso no se dio suficiente caña como para considerarlo violación. Quizás habría que hacerles probar a estos señores letrados la medicina y hacerles vivir la «experiencia». A ver que opinaban después.
Machotes.

JL Pinto

El Vigía Puerta Oscura

La miseria y las epidemias no pueden con la fuerza y los sueños de Pedro, un niño de la calle, cuya desbordante imaginación y enorme tenacidad le permiten sobrevivir intentando forjarse un futuro halagüeño. En un escenario de máxima pobreza, de revoluciones obreras a la vez que de desarrollo industrial, pasa su vida en comprometida relación con personajes de las más diversas clases sociales.

En medio de la vorágine, se ve obligado a huir, sobrepasado por los acontecimientos que le impone un destino inoportuno, a la isla de Cuba, sumida en una guerra de causas complejas. El viaje de ida y vuelta le permitirá vivir un mundo mágico, contrapunto de la adversa realidad, en el que va siendo introducido por Marina, una niña omnipresente de fascinantes poderes, y que se ve implementado por la santería y la magia negra practicadas en la isla.

La llegada a Málaga le permite retomar sus orígenes, recuperar todo aquello a lo que se había visto obligado a renunciar y ajustar su mente, estragada por un cúmulo de intensas experiencias que han puesto en peligro su salud.

La ciudad deseada

Málaga está a punto de ser tomada por los Reyes Católicos. Sus habitantes son conscientes de ello y se libra un duro debate sobre si rendirse y salvar la vida, o luchar y salvar la dignidad. Mientras tanto, siguen las actividades comerciales, nace el amor en una pareja de jóvenes de religión musulmana y judía, y conocemos la Málaga de finales del siglo XV.

Virtudes, Un nombre de mujer

Un buen día, Fernando descubre que hay algo más allá en la vida que su familia, sus amigos o sus juegos de niño. A partir de ese instante todo cambia y se ve inmerso en un mundo de nuevas sensaciones, deseos y emociones que le transporta ahora a momentos de euforia, ahora a momentos de melancolía y frustración, para él hasta entonces desconocidas.

En su vida entra Virtudes, una mujer muy avanzada para su época, que vive una inusual independencia, quizás forzada por las circunstancias, y que descubre a través de Fernando un nuevo horizonte en su vida que le empujará a retornar a un pasado en el que había dejado demasiadas cosas sin cerrar, y le ayudará a tomar un rumbo definitivo e inesperado.

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