Yo no quiero ser manada

A ver chicos – lo de chicos es por el sexo, nada que ver con la edad de cada uno- y esto va dirigido a todos los de edad de saber leer en adelante. Ahí va un toque de atención, muy serio en este caso. No se me dispersen por favor.

¿Se han enterado ustedes de la sentencia que se dictó ayer sobre el caso de la famosa “manada”? Sí, ¿no? Nueve años –aunque la sentencia está recurrida por parte y parte-, que por cierto no han contentado a nadie. Al margen de la sentencia en sí, y de que considero que hay que revisar muchas leyes de este país nuestro, especialmente las relativas a las que tienen que ver con todo tipo de violencia de género y por supuesto de sexo, quiero centrarme en la postura de nosotros, los hombres, en este asunto.

Hay opiniones para todos los gustos, que si los jueces y abogados no se ponen de acuerdo, nosotros, los de a pie, no íbamos a ser menos, pero por encima de todo están los valores, la educación y la decencia misma.

A ver si nos enteramos de una vez, y esta para siempre, que la mujer no es el juguete masculino de la creación. A ver si nos enteramos de una vez que esa chica o esa señora, tan guapa, tan vestida como a ella le sale de sus narices –que para muchos es pura provocación – no está ahí para nuestro uso y disfrute. Y eso se les hace a muchos, muy, pero que muy largo.
Insisto en no entrar a valorar, por ahora porque hay recursos interpuestos, si la sentencia es o no justa, excesiva o corta, pero si cuanto menos que discutir la lectura que sobre la misma han hecho los que imparten justicia, los que interpretan las leyes.
Que los magistrados dicen reconocer, textualmente, “que no hubo consentimiento por parte de la víctima”.
¡Ya está! ¡Ahí se debería acabar la argumentación! Así debería ser, porque lo que continua, a partir de ahora es una aberración, una vergüenza. Literalmente de nuevo: “los acusados no utilizaron la violencia suficiente que requiere el delito”. Me resulta penoso, increíble, fuera de todo sentido común. Pero parece ser que así está escrita la ley.

Pues si está escrita se cambia, y si no se puede cambiar se rompen las reglas del juego. Pero lo que no puede ser es que se alegue que durante el abuso no se dio suficiente caña como para considerarlo violación. Quizás habría que hacerles probar a estos señores letrados la medicina y hacerles vivir la «experiencia». A ver que opinaban después.
Machotes.

JL Pinto

Yo no quiero ser manada

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